Alrededor del pesebre
La Novena de Aguinaldos
Nueve noches de diciembre en las que las familias colombianas se reúnen a rezar, cantar y esperar juntas la Navidad.
Qué es la Novena de Aguinaldos
La Novena de Aguinaldos es una devoción católica de nueve días de preparación para la Navidad. En Colombia se reza del 16 al 24 de diciembre, cada noche, hasta culminar en la Nochebuena. El nombre de «aguinaldo» evoca la antigua costumbre de regalar o agasajar en estas fiestas: la novena es, a la vez, un regalo de oración que las familias se hacen entre sí.
Su estructura es sencilla y repetida, pensada para rezarse en comunidad: una oración para todos los días, la consideración del día, la oración a la Santísima Virgen, la oración a San José, los gozos ante el Niño Jesús y la oración al Niño Jesús. Alrededor del rezo surgen los villancicos, los instrumentos caseros y la mesa compartida.
Por qué se reza del 16 al 24 de diciembre
Los nueve días representan la larga espera del pueblo de Israel y la preparación del alma para recibir al Niño Dios. Cada noche camina hacia Belén: del Verbo en el seno del Padre al pesebre de la Nochebuena. El 24 de diciembre, la consideración novena narra el nacimiento mismo y la novena se cierra justo antes de la misa de gallo.
Ese ritmo de nueve noches seguidas es lo que hace de la novena un calendario familiar: alguien prepara el salón, otro enciende las velas, un niño lee la consideración y todos responden a los gozos.
Historia en Colombia
La novena nació en el siglo XVIII en la Nueva Granada. El fraile franciscano Fray Fernando de Jesús Larrea escribió el texto original a petición de María Clemencia Cayzedo, fundadora del Colegio de la Enseñanza en Bogotá, quien deseaba un rezo familiar para preparar la Navidad. El manuscrito se publicó en 1784 y conserva la fuerza del lenguaje devocional de su tiempo.
Con los años el texto viajó por los hogares y las parroquias, y fue adaptándose. A comienzos del siglo XX, la Madre María Ignacia revisó y actualizó las meditaciones, reorganizó los días y añadió los gozos, que se convirtieron en el momento más esperado de cada encuentro. Su versión, publicada en 1910, es la que sigue vigente en las novenas colombianas de hoy.
De Colombia la devoción se extendió con fuerza a Ecuador y Venezuela, y hoy acompaña a la diáspora colombiana en todo el mundo.
Los gozos: el canto de la espera
Los gozos son versos dedicados a la espera del Niño, construidos sobre las antífonas «O» de la Adviento (O Sapiencia, O Adonaí, O Raíz de Jesse, O Llave de David…). Entre verso y verso se canta el coro: «Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Niñito».
Es el instante en el que la novena deja de ser lectura y se vuelve fiesta: alguien toca la guitarra, otro agita la pandereta, los niños sacuden sus maracas caseras y la familia canta mientras espera.
La forma tradicional de rezarla
La familia se reúne alrededor del pesebre, se hace la señal de la cruz y se reza la oración para todos los días, con tres «Gloria al Padre». Después se lee la consideración del día, por lo general en voz de una persona distinta cada noche.
Sigue la oración a la Santísima Virgen con nueve «Ave María», la oración a San José con un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria, los gozos cantados con instrumentos y, al final, la oración al Niño Jesús. Muchas familias cantan después un villancico y comparten buñuelos, natilla y chocolate.
El papel de los villancicos
Los villancicos son la voz de la novena. En Colombia cada familia tiene su reperto: Tutaina, Antón tiruliruliru, Campana sobre campana, Los peces en el río, A la nanita nana, Arre borriquito o Noche de paz forman el cancionero que se transmite de boca en boca.
En este sitio encontrarás sus letras completas, de dominio público, para cantar en familia. Las composiciones modernas protegidas por derechos de autor quedan fuera del catálogo.
Una tradición que nos reúne
La novena colombiana no se vive sólo en la iglesia: se vive en casas, barrios, empresas, colegios y plazas. Reunirse cada noche durante nueve días crea un calendario de esperanza que atraviesa generaciones: los abuelos que lideran el rezo, los padres que sostienen la mesa y los niños que aprenden los villancicos de memoria.
Por eso esta web es simple y está pensada para el teléfono: abrir, rezar, cantar y compartir. Todo lo demás es secundario.